Millones de personas alrededor del mundo se preguntan, a veces con profunda angustia, acerca de cómo superar la ansiedad. Saber cómo enfrentar este problema, o como mínimo aprender a controlarla, es uno de los mayores retos hoy en día, desde el momento que estamos hablando de un problema que no distingue sexo, edad ni estrato social. Comencemos por definir de qué estamos hablando.

Si bien existen definiciones de todo tipo para este trastorno, a mí me gusta definirla como una experiencia mental de rasgos negativos, con alta incidencia a lo largo y ancho del mundo y que posee diversos grados de impacto: desde lo que podríamos llamar “una moderada dosis de preocupación”, hasta severas crisis de pánico que paralizan a quien las padece.

Descubre Como Tomar de Nuevo el Control de tu Vida y Vive Sin Ansiedad. Haz Clic Aquí

En este video escucharás la opinión de Erick, experto en el tema de superación de Ansiedad. Dale play al video y conoce más sobre esto.

El método “vive sin ansiedad” lo puedes encontrar haciendo clic aquí

Aquellos de nosotros que alguna vez hemos padecido este problema, sabemos que cuando estamos luchando contra la ansiedad, ésta se agiganta y se nos presenta como un desafío imposible de superar. Es parte del círculo vicioso en que este tipo de trastornos nos sumerge. Pero tranquilos: traigo buenas noticias que comienzan por señalar enfáticamente que contamos con tratamientos físicos y mentales para controlar o reducir la ansiedad y tratarla a partir de su punto de origen.

Organizaré mis consejos en este sentido, divididos en dos ejes principales, a partir de los cuales podemos tomar medidas concretas.

 Primer eje : Conocer bien a tu ansiedad

Sí. Puede parecerte algo extraño, pero te invito a pensarlo de este modo: sólo puedes luchar o combatir a un enemigo cuando le conoces bien. Créeme que es el primer paso. ¿Cómo se logra? Muy simple: tratando de colocarte en una posición algo así como externa a ti mismo, lo que se conoce comúnmente como “Outsider”, es decir alguien que observa desde afuera. Me dirás que es difícil… y yo te digo que no es imposible, y si lo intentas con convencimiento y determinación, podrás lograrlo.
¿Qué te permitirá esto? Determinar lo positivo y lo negativo de cada “pico” de ansiedad. Dicho de otro modo: está claro que es muy fácil percibir solamente los aspectos negativos de un pico de ansiedad; pero como todo en esta vida…, seguramente habrá por lo menos una faceta positiva en el contexto de esa situación que te llena de temor. No te enfoques sólo en el evento negativo, esfuérzate por hallar algo positivo, relacionado al mismo tiempo.

Otro consejo que a mí me ayuda mucho es evitar pensar en términos de “blanco o negro” o –dicho de otro modo- , como “todo o nada”. Esto aplica a todas las situaciones: nada es tan terminante como “nunca o para siempre”, “amarte u odiarte”, o como lo vemos en las películas: “matar o morir”. Los matices son saludables, ayudan, créeme. Por ejemplo: “nadie me quiere”. Definitivamente no es así, porque no todos tienen por qué quererte y eso no es malo, pero te aseguro que siempre hay alguien que te quiere y mucho… sólo aplica el consejo anterior: busca lo positivo.

Desde otro ángulo, otro consejo valioso que puedo aportarte a la hora de aprender cómo superar la ansiedad. El enunciado es conciso: no conviertas el problema en una catástrofe. ¿Sabes por qué? Porque tú mismo debes empezar por colocar las cosas en su justa medida, concibiéndolo si quieres como algo muy difícil para ti, pero no como algo imposible contra lo que no puedes hacer nada. Me refiero a delimitar las cosas, dimensionar como lo que es realmente, colocando en tu pensamiento ese doble enfoque: “está bien, yo puedo sentirlo gigante, es legítimo; pero dejo lugar a creer en lo que otro me asegura, diciéndome que no lo es”

En este sentido, créeme que esa tendencia que tenemos muchos de nosotros a sacar conclusiones precipitadas, resulta fatal. Mi consejo es no entrar en esa especie de círculo vicioso, en que comienzas a pensar sobre tu preocupación o miedo, y acto seguido sacas conclusiones sobre lo que “podría ocurrir” mucho antes de que ocurra. Comienzas a dibujar en tu cabeza un escenario que sólo te produce incertidumbre y te daña, aún antes de que nada malo pase. ¿Sabes cuál es el primer paso? Convencerte a ti mismo de que realmente no sabes qué es lo que puede suceder. Admítelo, y verás que el alivio es inmediato.

El truco, entonces, puede reducirse a no permitir que tus emociones tomen control de tu razonamiento. Cuando tienes miedo y ansiedad, es fácil a dejar el camino de la lógica y dar paso al predominio de las emociones. Tus emociones sólo te engañarán, induciendo tu pensamiento a enfocarse más en los peligros que en la realidad. ¡Toma el control! No dejes que tu miedo consiga convencerte de que estás en peligro, a menos que realmente lo estés. ¿Te lo digo en otras palabras? ¡Tú y sólo tú estás al mando! Convéncete de eso y tendrás media batalla ganada.

¿Cómo hacer para ganar la otra mitad de la batalla? Hay un secreto más: evita reducir todo al plano personal. La ansiedad golpea, y puede lograr que sea fácil que todo lo tomes personalmente y te culpes de absolutamente todo lo malo. O, en algunas otras ocasiones, tú puedes pensar algo así como “todo lo malo me sucede a mí”. Este tipo de pensamiento es ilógico y sólo te hará sentir peor.

 Segundo eje: Trabajar sobre tu cuerpo y con reductores de ansiedad debidamente comprobados

Comienzo por algo bien, pero bien simple que nunca falla: respira profundamente. Es una medida tan simple, antigua y efectiva pero que no todos practican, porque no creen en ella. Pero te aseguro que basta probarla una vez, para reconocer sus bondades y especialmente el hecho de que puedes ponerla en práctica en cualquier circunstancia y lugar en el que estés.

¿En qué se fundamenta? Muy simple: cuando estás ansioso, tu respiración se acelera, lo que reduce la cantidad de oxígeno que recibes en el cerebro. La consecuencia de esto, es que es más difícil pensar con claridad y construir razonamientos lógicos. Entonces lo que debes hacer es revertir el proceso. ¿Cómo lo haces? Toma un momento para concentrarte en tomar respiraciones profundas. Aire puro a tus pulmones inhalando durante 4 segundos, aguantando la respiración durante 4 segundos y luego la sueltas durante 4 segundos más. Haciendo esto durante 1-2 minutos sin duda ayudarás a calmar tus nervios rápidamente.

Pero más allá de esta “receta rápida”, si realmente quieres trabajar acerca de cómo superar la ansiedad, deberías considerar la puesta en marcha de otra medida muy eficaz: tómate algún tiempo para hacer ejercicio. Créeme: si la mente puede maravillas, el cuerpo no le va a la zaga y hace su parte si tú propicias las condiciones para ello.

¿Cómo funciona esto? Te cuento que toda actividad física libera endorfinas, que son sustancias que ni más ni menos son capaces de aumentar la felicidad. A la vez, toda actividad física reduce el cortisol, que es una hormona que provoca casi “automáticamente” el estrés. Debes ponerlo en marcha como si una alarma sonara dentro de ti: tan pronto como empiezas a sentir algún síntoma de ansiedad, ve a un entrenamiento o sal dar un paseo. ¿Te sucede de noche? Pon tu cuerpo en movimiento, y baila. Si todos duermen…, usa tus auriculares, pon tu música preferida (la salsa latina es ideal) y sólo… ¡baila!

Ahora bien: recordarás que este eje comienza diciendo “trabajar sobre tu cuerpo” y desde ese enfoque hay algo más que puedes hacer, cuyos beneficios son increíbles y te lo digo por propia experiencia.

Comienza a mirar a tu cuerpo de otra forma, es decir: no sólo en términos de “lindo” o “feo”, de “me gusta” o “no me gusta”. Mi enfoque es más simple y contundente: “es el único que tengo”. ¿Nunca lo pensaste así? Pues no hacen falta dos tiempos de explicaciones para convencerte de que es exactamente así: tú eres un ser único y éste es tu único cuerpo. ¡No podemos pedirlo prestado a nadie!
Por lo tanto, cuidarlo en serio, con pleno convencimiento de que es una prioridad absoluta, no es sólo cuestión de palabras.

Mi invitación es a reevaluar lo que comes, cuánto comes y cómo lo haces. Desde mi experiencia, puedo testimoniar que no fue precisamente por un tema de ansiedad que me di cuenta de esto, sino por un tema físico que me obligó a hacer dieta de recuperación por unos días. Comencé a darme cuenta que dedicándole atención a la preparación especial de mi comida (y la de mi familia) no sólo disfrutaba mucho cocinando, sino que las cosas que sustituí por indicación médica no restaban sabor si sabía cómo compensar adecuadamente y de esa forma aprendí a armonizar sabores. Por ejemplo: yo pensé que las comidas elaboradas con leche baja en grasa (se le llama descremada o desnatada en algunos países) quedarían horribles. Pensaba que la crema no quedaría cremosa y que los helados quedarían cristalizados. Pero no fue así… ¡no noté ninguna diferencia! Pero mi cuerpo respondió de inmediato y los kilos de más comenzaron a bajar lenta pero sostenidamente. Lo mismo sucedió con la sal, no la restringí totalmente, pero comencé a adicionar otros condimentos, como el ajo, como la albahaca, como el tomillo. Sustituí el aceite común por aceite de oliva o de canola. ¿El resultado? Comencé a sentirme mucho, pero mucho mejor en lo físico y –como señalaba antes- todo fue más fácil, la actividad física fue más sencilla y las endorfinas comenzaron a ser más importantes para mí que una porción de patatas fritas.

Has el esfuerzo por incorporar más frutas, verduras y granos enteros en tu dieta diaria. Los resultados no se harán esperar. Confía en mí.

Hasta aquí lo relativo al segundo eje de acción.

Quiero pensar que a esta altura, ya te habrás dado cuenta que tú puedes tomar el mando de tus problemas de ansiedad. Quien manda aquí no es la ansiedad… ¡eres tú!

No obstante ello, antes de finalizar, tengo un último y muy valioso consejo más para ti.

Te invito a buscar la forma, el momento y el espacio de una pausa diaria en soledad. Y antes que me digas nada (porque puedo verte pensando “¿Soledad? ¡Yo vivo con una familia numerosa! ¡Yo trabajo mucho y al volver a mi casa tengo mucho más para hacer aún! “ etc. etc.) Y yo te insisto: sí, una pausa en soledad, un momento para ti mismo, que no tiene por qué significar estar físicamente sólo, rodearte de velas y de aromas típicos de los momentos de meditación. Cuando te hablo de soledad, me refiero a un momento de meditación y reencuentro personal contigo mismo, para sólo pensar en ti, o para rezar y agradecer por las mínimas cosas buenas que te hayan sucedido en este día. ¿Sabes cómo empecé personalmente a hacer esto? Cuando vuelvo en el transporte público a mi hogar. Estoy rodeada de personas… ¡pero no necesito ni quiero hablar con nadie! Me pongo mis auriculares con buena música, que me transporte a un clima de pensamiento positivo y gratitud. Y pienso en mi, en cuánto me quiero a mi mism0, me “perdono” mis errores y defectos y me reencuentro con mi ser pensando cómo enfocar las cosas que quiero mejorar. Hoy día, incluso hay meditaciones que tú puedes escuchar diariamente en lugar de música. Hace poco una amiga me compartió noticia de una App que tiene en su móvil y que utiliza con este propósito. Notable… y muy bienvenida.

En suma: si te preocupas hondamente cada vez que te preguntas ¿cómo superar la ansiedad?, espero y confío haber podido dibujar la respuesta para ti con la mayor claridad posible. ¿A qué me refiero? A que puedo resumirlo en tan sólo seis palabras: la clave está en ti mismo.

Lo repetiré, la clave está en ti mismo. Se puede, no es un mal que dure para siempre y el primer paso es convencerte a ti mismo de que hay cosas sencillas que puedas hacer al respecto. De todos modos, si aún crees que necesitas ayuda externa, asistir a consulta con terapeutas, o administrarte la medicación que un médico indique…, adelante. Yo respeto eso y la decisión final la tomarás tú mismo.

Desde mi lugar, sólo te invito a abrir un espacio en tu vida a todo lo que acabas de leer. Es mi mayor deseo que pueda ser útil en tu vida y te ayude a sentirte mejor y mejor cada día.

Descubre el métido para vivir sin ansiedad haciendo clic aquí